El concepto del siguiente relato fue entregado a nuestra oficina por el agente Mario Lafario. El informe adjunto explica que el relato se encuentra en forma de canción en un disco de vinilo de cubierta roja, editado tal vez en la década del '80. Por razones desconocidas, hacia la mitad del informe el Agente Lafario deja de referirse a un disco y comienza a hablar de un cassette, también de tapa roja. A continuación, reproduciremos el relato en forma más seria de prosa, señalando donde corresponda las partes faltantes (ilegibles en el disco o cassette original).
Mariquita hundió el cuchillo en el estómago del único amigo que le quedaba. Era la segunda vez que esto sucedía en dos minutos, aunque Robertito lo había recibido peor, tal vez por el factor sorpresa. Por el otro lado, Jorgito, o al menos una parte de él, se lo estaba esperando. Igualmente parecía sorprendido.
(Fragmento faltante).
A medida que Mariquita empujaba el cuchillo hacia adentro y el niño se mostraba cada vez más cansado y con menos ganas de seguir burlándose de las madres ajenas, la invadió un profundo y súbito terror, marcado por una ola de frío que le trepó por el cuello y que luego le inundó la cara, ahora transformado en calor, e inmediatamente decidió que debía huir cuanto antes. Incluso con sólo ocho años, podía darse cuenta de que lo que acababa de pasar estaba muy mal. Y la policía jamás creería que tenía razón y que los niños se la estaban buscando.
Por suerte eligió el lado del campo para salir corriendo, de manera que no se cruzó con nadie durante los veinte minutos que pasó huyendo. Habría sido difícil explicar a los vecinos por qué estaba corriendo. Por no hablar de la sangre que le cubría las manos y el vestido. Eventualmente, Mariquita se detuvo, y de pronto se había hecho de noche. O tal vez no; tal vez se había hecho de noche de a poco, pero Mariquita lo notó todo de golpe. Esa noche durmió bajo la lluvia, y por eso cuando al otro día intentó seguir corriendo, notó que su capacidad respiratoria estaba bastante perjudicada, aunque con otras palabras. Se cansaba rápido y tenía tos.
Aunque no tuvo que correr mucho más. Media hora después de despertar, pisó algo que no era y cayó en un pozo oscuro y húmedo. Pasaron algunos minutos, y Mariquita empezaba a preguntarse cómo saldría de ese pozo cuando la interrumpió la memoria hecha presencia de Domingo Faustino Sarmiento. Según se cree, el fantasma pasó los siguientes días atormentando a Mariquita. Cada dos horas le recordaba lo que había hecho y procedía a explicarle las implicaciones morales de lo sucedido. Después de un rato empezó a ponerse más violento, y amenazó con detalladas venganzas y castigos. Al parecer, hacia las últimas horas, el fantasma de Sarmiento casi no hacía más que hablar del infierno.
(Fragmento faltante).
Pasaron los días y Mariquita murió de hambre o de frío o de culpa, no sin antes escribir, en la pared embarrada del pozo, "Moraleja", pero sí antes de llegar a enunciar la moraleja.